


El desfile Spring–Summer 2026 de MM6 Maison Margiela sucede en la calle. No hay pasarela: una franja pintada de blanco sustituye al runway tradicional y convierte lo cotidiano en escenario. Es la idea de “normalidad elevada” que define el lenguaje de MM6.
Los transeúntes desfilan uno tras otro, vestidos con un guardarropa de siluetas depuradas y precisas. La colección se despliega en una paleta de colores tipo post-it, no-colores, neutros y estampados. Los botones forrados refuerzan una sensación de corrección, mientras el juego entre lo real y la ilusión persiste como eje conceptual.
Las bolsas portatrajes se transforman en blusones, vestidos, abrigos y capas, reiterando códigos identitarios de la casa. Los hombros se proyectan hacia adelante, definiendo postura y gesto; los largos se acortan. El nuevo twin-set aparece como un abrigo llevado sobre un vestido a juego.
En la calle, lo imprevisto manda: baberos, faldas-forro, superposiciones espontáneas. Los clásicos —la gabardina, el traje sastre, el blusón, la camisa, el pantalón— se presentan, pero las categorías se mezclan: los jeans adoptan la caída de un pantalón de sastrería, mientras los pantalones sartoriales se tratan como denim.

Etiquetas de fin de rollo, dobladillos crudos e inserciones transparentes crean efectos trompe-l’œil. El brillo recorre también los calcetines. Los accesorios completan el relato: zapatos planos metálicos, gafas envolventes, joyería en forma de copa de cóctel, bolsos pulidos y satchels de satén anudados a la cintura.





