Hay discos que nacen para contar una historia. Otros funcionan como una fotografía emocional de un momento específico. Pero existen algunos que llegan después de muchos años de vida, cuando el tiempo permite mirar hacia atrás con honestidad, reconocer las heridas, agradecer los afectos y entender que la memoria también puede ser un acto de reconciliación.
Ese parece ser el lugar desde el que surge “Un Abrazo”, el nuevo álbum de Zemmoa.
En un momento particularmente significativo de su trayectoria, la artista mexicana presenta un trabajo que transforma experiencias personales, amistades, vínculos familiares, despedidas y aprendizajes en once canciones que funcionan como una carta abierta a todas las personas que han acompañado su camino.
Más que un álbum sobre el pasado, Un Abrazo es un ejercicio de aceptación. Una obra que encuentra belleza en la permanencia y en la capacidad de seguir construyendo futuro sin negar todo aquello que nos trajo hasta aquí.
La memoria como punto de partida
A lo largo de su carrera, Zemmoa ha utilizado la música como una herramienta para explorar el amor, el deseo y la identidad. Sin embargo, en esta nueva etapa la mirada cambia de dirección.
Las canciones de Un Abrazo se alejan de las narrativas románticas tradicionales para enfocarse en relaciones que muchas veces ocupan un lugar menos visible dentro de la música popular: la amistad, la familia elegida, la reconciliación con el pasado y los vínculos que sobreviven al paso del tiempo.
Ese enfoque aparece desde los primeros adelantos del álbum.
Con “Ahí No Es”, Zemmoa reflexiona sobre la aceptación de aquello que ya no pertenece a nuestra vida. Más adelante llegó “Mamá”, una de las composiciones más personales del proyecto, escrita junto a la cantautora Vivir Quintana, donde revisita una relación compleja desde la empatía que solo los años pueden ofrecer.
La siguiente entrega, “Plan Seguro”, junto a La Bruja de Texcoco, amplía esa conversación para celebrar la amistad como una forma de hogar, compañía y resistencia emocional.

Un álbum construido desde la comunidad
Uno de los aspectos más interesantes de Un Abrazo es la forma en que las colaboraciones enriquecen la narrativa sin desviar la atención de su eje central.
Las participaciones de Vivir Quintana, La Bruja de Texcoco, Ilse Hendrix, Roberta Marrero, Xavier Del Río y el Coro Gay de la Ciudad de México aportan distintas perspectivas sobre temas como la memoria, la identidad, la libertad y la construcción de comunidad.
Lejos de funcionar únicamente como colaboraciones musicales, estos encuentros refuerzan una idea que atraviesa todo el proyecto: nadie construye su historia en solitario.
Cada voz que aparece en el álbum se convierte en parte de ese abrazo colectivo que da nombre al disco.
Una nueva etapa sonora
Musicalmente, Un Abrazo representa una evolución importante dentro del universo creativo de Zemmoa.
Aunque el pop continúa siendo una presencia fundamental, el álbum incorpora nuevas influencias que acercan su propuesta a la canción mexicana contemporánea, la ranchera, el bolero y la balada tradicional latinoamericana. También aparecen elementos de teatralidad que evocan el cabaret, el cine y ciertas formas clásicas de narrar emociones a través de la música.
Esta exploración sonora aporta una dimensión más orgánica y emocional a su trabajo, ampliando las posibilidades expresivas de una artista que nunca ha dejado de reinventarse.
El resultado es un disco que se siente profundamente personal sin perder la capacidad de conectar con experiencias universales.
Más allá de la música
Hablar de Zemmoa implica hablar de una figura cuya influencia trasciende el ámbito musical.
A lo largo de más de dos décadas, la artista ha desarrollado una trayectoria que atraviesa la moda, el performance, el arte visual y la cultura contemporánea, convirtiéndose en una de las voces trans más visibles e influyentes de México.
Su trabajo ha contribuido a ampliar conversaciones sobre representación, diversidad y libertad, abriendo espacios para nuevas generaciones dentro y fuera de la comunidad LGBT+.
Esa dimensión también está presente en Un Abrazo, especialmente en el contexto del Mes del Orgullo, donde la celebración convive con una reflexión necesaria sobre los desafíos que aún persisten en materia de derechos humanos e inclusión.
Para Zemmoa, la música continúa siendo una herramienta para compartir experiencias, construir comunidad y defender la libertad de amar y existir.

Un abrazo al pasado para seguir avanzando
Durante los próximos meses, la artista llevará esta nueva etapa a distintos escenarios, acompañada por una serie de lanzamientos, una retrospectiva dedicada a su trayectoria y un concierto especial que celebrará más de dos décadas de creación artística.
Sin embargo, el corazón de este momento está contenido en estas once canciones.
Un Abrazo no es un disco sobre la nostalgia. Es un álbum sobre la gratitud. Sobre hacer las paces con la propia historia, reconocer a quienes nos acompañaron en el camino y entender que la madurez también consiste en abrazar aquello que alguna vez intentamos dejar atrás.
Con este trabajo, Zemmoa presenta una de las obras más honestas de su carrera. Un proyecto donde la memoria deja de ser un peso para convertirse en un refugio y donde el futuro comienza precisamente al reconciliarse con el pasado.
Fotografías: Francis Wintour
Texto: Bernardo Gamboa (Órbita)

