
Los sueños son el punto de partida. El nuevo álbum de Bratty y su más reciente universo visual se construyen desde una lógica onírica: fragmentada, simbólica y profundamente personal. Nada ocurre al azar. Cada imagen, cada gesto y cada personaje forman parte de un mundo que se expande a través de canciones y videos, como piezas de un mismo relato.
Para Bratty, soñar es una experiencia abstracta. En ese territorio, el cerebro traduce emociones, miedos y deseos en símbolos. Así nacen las Cirenas, figuras recurrentes en su imaginario visual, que representan ansiedades internas y conflictos emocionales. Su inspiración proviene de referencias poco convencionales: antiguas ciudades del Líbano, mitologías olvidadas y relatos donde el símbolo del corazón surge de una semilla extinta. Historias que hablan de pérdida, transformación y memoria colectiva.
En el universo de Bratty, todo tiene un significado. Aunque la música sigue siendo el eje central de su proyecto, la artista busca expandir su mundo interior hacia lo tangible: experimentar, reinventarse y cuestionarse constantemente qué más puede crear. Cada lanzamiento abre nuevas capas para quienes siguen de cerca su obra, construyendo una experiencia que va más allá del sonido.

Esa misma búsqueda se refleja en Radio, su más reciente lanzamiento. El video musical funciona como una metáfora clara: romper con las expectativas, liberarse de los moldes y reclamar la autenticidad. En él, Bratty es arrastrada a un televisor por las Cirenas y transformada en distintos arquetipos de estrella pop frente a una audiencia uniforme. Al liberarse, todo cambia. El entorno se fractura y nace un nuevo lenguaje.
El mundo de Bratty no busca agradar: busca ser honesto. Y en esa honestidad, invita a quien escucha a mirar hacia adentro y soñar sin filtros.

